Museo del automóvil con niños

Hoy os traigo un post especial. Lo ha escrito Pablo, en el cual os cuenta la experiencia con Marcos en el Museo Automovilístico y de la Moda, de Málaga

Verano, y niño de ocho años que vive al lado del mar, cuando la playa ya no es novedad (después de casi 2 meses yendo casi a diario) la idea era hacer algo los dos solos, un plan de padre e hijo (sin su mamá que se quedaba trabajando)

“Quiero ir a Málaga papá”

Yo llevaba un tiempo queriendo ir al Museo Automovilístico de Málaga,  pensé que mi pasión por los coches y un repentino despertar de mi hijo por ver carreras hicieran que fuera el momento adecuado. Partimos a la ciudad, sol de justicia y entusiasmo infantil. No esperaba gran cosa, mejor dicho esperaba que fueran cuatro o cinco coches con alguna historia por contar y poco más, pero que me dieran pie a compartir con mi hijo aquello que me apasionaba a su edad. ¡Pero no!

Imaginaba que nuestra visita duraría media hora y que luego nos iríamos a tomar un helado hablando de Harry Potter o de su videojuego favorito.

 

Entramos en el edificio, techos altísimos, frescor, ultramoderno y sensación de asepsia, de laboratorio de coches de última generación, obras de arte relacionadas con la moda y con los coches. Sillones hechos con ruedas (con su correspondiente “prohibido sentarse”, tiempos de covid) coches hechos de alambre, y empecé a pensar que mis prejuicios sobre el museo iban a cambiar.

Empezamos la visita, y supe que era un éxito cuando el “mira papá” no paraba de repetirse

Coches del 1900, justo en el límite entre los carruajes y los coches a motor, con sus bocinas tipo corneta a las que se presionaba para que expulsaran el aire y emitieran sonido, manivelas en el frente para darles arranque (la película Cars como referencia), chasis de madera, volantes enormes o ausencia de volantes, faros tipo candelabro (como los de Harry Potter). Todo tremendamente cuidado, limpio, brillante, y en cada coche la historia del modelo, su origen y su trayectoria.

Fuimos avanzando y llegamos a los años 40. Aparecieron los coches de enormes motores, grandes lujos y aires señoriales, los Mercedes usados por los jerarcas nazis, los Rolls con sus emblemáticos radiadores y su flying lady, una época de muchos cromados, motores enormes de 8 cilindros, alguno de 12, cilindradas inimaginables (5000 cm cúbicos que daban unos 100 Cv).

Para entonces ya me había olvidado de mis prejuicios y el corazón me latía acelerado, intentaba mantener la calma para no perder detalle, de curvas, de brillos, de materiales, de marcas desconocidas para mí. Imaginaba el entusiasmo de esos ingenieros o constructores o mecánicos capaces de dibujar esas curvas, de diseñar esos faros que humanizan, de esos motores capaces de no fallar nunca.

No paraba de explicar cosas a mi hijo, cosas que tuvieran algo curioso o que le pudiera llamar la atención, coches con solo 3 ruedas, coches con madera por fuera, coches de carreras construidos por mecánicos que luego se convertirían en grandes marcas, el tátara tátara tátara abuelo de nuestro coche.

 

Los primeros Lancia, Maseratti, Aston Martin, Rolls, Ferrari, y en un rincón, allí delante el “alas de gaviota” el coche deportivo que marcó una época, imponente, y a su lado un Aston Martin, y más allá un Alfa Romeo, todos pertenecientes a la misma época dorada de coches deportivos emblemáticos, por supuesto también mi favorito de todos los tiempos, el Porsche 357

La palabra sería embelesado

Mi hijo a mitad del recorrido supo que volveríamos y que llevaríamos a su madre, porque aunque mis ojos se fijaban solo en metales lustrosos el museo tiene piezas de alta costura. Maniquís por todo el recorrido, con ropa correspondiente a cada época y en algunos casos sentados dentro de los coches representando una escena. Supimos los dos que eso a su madre le iba a encantar.

Vimos prototipos, coches extraños, diseños que fracasaron, ideas locas, motores convertidos en obras de arte, obras de arte representando coches. Y en una parte del recorrido olía fuerte a gasolina, lógicamente no a diésel, sino a gasolina, y mientras estábamos en la zona de suvenirs y Marcos elegía ese recuerdo, pregunté a la única persona de todo el museo, porqué olía tanto a gasolina en aquel rincón. La explicación de la chica fue que por la mañana habían arrancado un Aston Martin y otro coche más, ¿qué qué? fue mi reacción, y ella con naturalidad, de los 94 coches del museo solo 4 no funcionan, todos los demás se arrancan y se mantienen, y que suele ser por la mañana por si algún día queríamos verlo.

Imaginé el sonido de 12 cilindros, 8 cilindros en V, rugir en esos enormes salones y me latió el corazón acelerado

Después de hora y media sabíamos que volveríamos. A la salida, estuvimos hablando sin parar y al subir a nuestro coche le saludó diciendo “hola cochecito hemos estado con tu tatara tatara tatara abuelo”

¡Supe que la visita había sido todo un éxito!

Invito y recomiendo que visitéis el Museo Automovilístico y Moda de Málaga, os sorprenderá…Está situado en el histórico edificio de La Tabacalera. Increíble colección de vehículos, alta costura y arte contemporáneo es un museo único. Hay un aparcamiento gratuito cerca y puedes disfrutar del paseo marítimo y así aprovechar para venir con toda la familia a Málaga

Espero que os haya gustado! 🙂

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